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sábado, 17 de junio de 2017

Empieza por P.

Pérdida, que palabra tan triste.

Cuando escribo sobre emociones profundas siempre me cuesta trabajo encontrar palabras que puedan llegar a definirlas en una mínima parte. A veces el léxico con el que contamos no da para decir todo lo que nos gustaría, pero quiero intentarlo al máximo.
Perder puede ser un verbo usado en situaciones tan simples o cotidianas como un juego de niños, y aunque siempre suele implicar un sentimiento negativo, no siempre tiene la misma gravedad o dolor implícito.
Hay pérdidas tan leves, como la de una pestaña cayendo hacia el suelo, que no nos suponen más que un segundo de nuestro pensamiento; pero también las hay nefastas. Puedes perder un pulmón, puedes perder la vida, puedes perderte a tí mismo...puedes perderlo todo, y como todo no es cuantificable es aún más difícil de llegar a entender lo que puede abarcar.
Me quiero limitar por ahora a escribir sobre un tipo concreto de pérdida, la pérdida de personas, algo que realmente todos hemos experimentado o experimentaremos en muchos momentos de nuestra vida.
En referencia a ésto último, quizás la pérdida más extrema podríamos decir que sería la propia muerte, pero a pesar de ello, hay muchos otros tipos de formas de sentir que has perdido a alguien que ocurren de forma más cotidiana y a los que muchas veces restamos importancia.
Todas las personas establecemos vínculos emocionales con otros que pueden romperse en algún momento por mil causas diferentes; y aunque el establecimiento de esos mismos vínculos es una de las cosas que nos hace más humanos, también supone un riesgo constante. Mientras mas fuerte sea el vínculo, más te va a doler que se rompa, y por tanto, más difícil será afrontar la pérdida.
A veces me cuestiono como existen dos personas que tras cortar un vínculo mutuo afrontan la situación de forma tan diferente, y es que los vínculos no son recíprocos en cuanto a intensidad. Tu puedes considerar a una persona tu mejor amigo, y que ese amigo sólo te considere a ti un amigo más; y evidentemente, si esa amistad se rompe, no va a producir el mismo dolor en una persona que en otra.
Últimamente suelo encontrarme con mucha gente joven que no sienten un miedo notable a perder a todas esas personas importantes en su vida, que le quitan importancia a ésta posibilidad, o que incluso afirman que le dan más importancia a sus propios objetivos en la vida sin mirar posibles consecuencias.
Me diréis: ''Es que tú mismo y tus propios objetivos deberían de ser más importantes que los demás'', y yo os contesto: ''Sin los demás no seriamos nosotros mismos''.
Sé que ésto es mi mera opinión, y no supone una verdad absoluta, pero creo que muchos desconocen lo que supone el sentimiento de soledad, y con ello no me refiero al tipo de soledad momentánea que disfrutamos todos en algún momento, no. La soledad a la que me refiero es aquella que se experimenta cuando no tienes ningún apoyo real de nadie, sólo te tienes a ti mismo para afrontar cualquier tipo de nueva situación difícil. Es cierto que a veces contigo mismo te es suficiente, pero hay otras veces que no te basta. Hay cantidad de ocasiones en las que verte desamparado te cambia, dejas de ser tú para convertirte en alguien vacío, sin ilusión por vivir; que no logra salir del hoyo si no aparece alguien con el suficiente interés para rescatarle. Ésto es algo real que le ocurre a muchas personas, sobretodo a personas mayores, y que nos podría pasar a todos en algún momento.
Siempre va a ser importante luchar en la vida por tus propios objetivos, pero no le restemos importancia al hecho de perder posibles vínculos, porque las personas nos necesitamos los unos a los otros.
He puesto más veces el mismo ejemplo, pero que sepáis que la gran mayoría de personas que están pasando por los últimos días de su vida no le dan tanta importancia a los objetivos profesionales o experiencias que han podido vivir. En ese momento lo que más te ayuda, lo que más valoran los pacientes, es sentirse acompañados por gente que les quiere; piensan que su vida ha merecido la pena por esas personas.
Querer, querer mucho a otras personas a lo largo de vuestra vida; e intentad no perder a gente que de verdad os quiera de vuelta.

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